Primer ensayo en el Centro Cultural Kirchner, «La ballena azul»

La «ballena azul»

El ex Palacio del Correo Central está siendo convertido en el Centro Cultural Kirchner. Se está  por inaugurar el 24. El ala que da a la entrada de la calle Sarmiento fue conservada. El corazón del edificio (la «parte industrial») Es un gran bloque de hormigón con forma de ballena que contiene un auditorio para 2000 personas, 100 músicos y un órgano. Estará sostenido por tres tacos de goma para que las vibraciones del tránsito y del subte no la afecten. Se basa en un diseño que combina elementos de los auditorios tipo arena (Philarmonie de Berlín, por ejemplo), de las salas tipo caja de zapatos (KKL de Lucerna) y desarrollos ad-hoc contemporáneos.   Mayo 2015 444

Hoy la orquesta hizo su primer ensayo en la famosa «ballena azul». Como se puede ver en las fotos, es una estructura que desde afuera semeja una ballena, con sus aletas. El color azul esta desapareciendo bajo una capa de metal, no sabemos muy bien con que objeto pero ha sido mucho el devenir de cambios que ha sufrido la obra. Quedo para el Viernes la charla con Gustavo Basso, uno de los responsables de la acústica de la nueva sala, pero mientras leemos algunos fragmentos de una nota que dio hace un tiempo en La Nación: Gustavo Basso es, con Rafael Sánchez Quintana, uno de los responsables de que estos espacios suenen. Es de las personas que se encargan de medir y diseñar los espacios para que tengan una buena acústica. Ambos son los responsables de que el Colón suene como antes de su refacción y de proyectos como el de la Usina o del Correo. «Todo esto es un demanda directa de la sociedad. Nosotros tenemos dos maneras de entrar al trabajo que hacemos. Con Rafael -que además de ser un colega es una leyenda de la acústica en Argentina por haber trabajado para el Auditorio de San Juan, el Teatro San Martín o la reforma del Colón de los años sesenta- nos dedicamos a la labor profesional y también realizamos los estudios para los proyectos de la Universidad de La Plata. Vimos que hubo un cambio muy grande en la última década. El 1995 hicimos el primer estudio en el que veíamos que la gente se recluía cada vez más en sus casas. Esto tiene que ver con el concepto de «no lugar» que desarrolla el filósofo francés Marc Augé y se reflejaba en el hecho de que las salas se estaban quedando sin gente. El final de los noventa, una década individualista, coincide con un cambio de paradigma. Hubo gente que se quedó sin trabajo o sin qué hacer en su trabajo. Esa gente se deprimió o salió a buscar pares. En esa época, desde la facultad dimos asesoramiento gratuito para salas y centros culturales de La Plata. Y vimos que ese encriptamiento se estaba revirtiendo. Sólo en La Plata relevamos 26 nuevos centros culturales en un año. Evidentemente, la gente necesitaba el contacto directo y la música en vivo con poca gente genera ese tipo de empatía casi catártica. Escuchar a un guitarrista en un living no es lo mismo que verlo en River. Así fue que no sólo tuvimos pedidos de lugares chicos. El caso del Teatro 25 de Mayo [de Villa Urquiza] fue paradigmático porque fue un pedido de los vecinos. Estaba destinado a ser una pista de baile y la gente juntó firmas para que se rescatara como lugar de encuentro para la comunidad.» Para los especialistas en acústica no solo es cuestión de oído, para ellos hay un término clave y científico que define el tipo de cada sala: la reverberación. En pocas palabras es el tiempo que transcurre entre que se interrumpe la recepción directa de un sonido y la de sus reflexiones. En una sala lírica donde se debe poder balancear adecuadamente las voces con la orquesta, la reverberación debe rondar el 1,5 segundo; el Colón tiene 1,7. En una sala sinfónica, donde deben distinguirse claramente los timbres de los instrumentos, debe llegar hasta los 2, como sucede en la sala grande de la Usina. Para la sala de cámara de la Usina eligieron un tiempo de reverberación de 1,5 segundos, pero a la hora de definirla dicen que debe producir en el espectador una mayor sensación de intimidad acústica. “Casi como si los músicos estuvieran en el living de su casa”, concluye Basso.

El proyecto

cc060315j019f15.jpg_1328648940 Arquitectónicamente, el proyecto es descomunal por donde se lo mire. En diez pisos y tres subsuelos albergará, por ejemplo, dos salas de conciertos -una la llamada Ballena Azul con 1.950 asientos y otra más pequeña de música de cámara en el subsuelo para 540 personas-; seis auditorios multimediales; el Chandelier, una impresionante estructura vidriada que cuelga desde el techo y que será un museo de arte moderno y la cúpula restaurada, el primer mirador público de la Ciudad. En total, el espacio dispondrá de 51 Salas de exposición (el Chandelier de 220 metros cuadrados son dos salas) o 15.000 metros cuadrados para exhibiciones; una cúpula que da la vuelta por todo el diámetro del edificio con terrazas abiertas; tres restaurantes; 16 salas de ensayo; 18 vestíbulos y 20 camarines. «Tendrá la más alta tecnología que garantizará una experiencia interactiva inigualable y estará conectado a una red troncal de fibra óptica 30.000 kilómetros a todo el país, será el mayor centro cultural del país», contaron desde el Ministerio de Cultura de la Nación a Télam. En el blog de los integrantes http://auditoriosinfonico.blogspot.com.ar/ pueden ver las peripecias desde hace muchos años para que se concrete lo que hoy se convirtió en una realidad de la cultura.

http://www.culturalkirchner.gob.ar/

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