Richard Strauss: Una Sinfonía Alpina, op. 64

En el concierto de Junio 12, el primero del ciclo en La Ballena Azul, la Sinfónica Nacional interpretará una obra que es muy interesante por su sentido programático o descriptivo. La Sinfonía Alpina de Richard Strauss.

Gunther

En este concierto  la orquesta será dirigida por Günter Neuhold, director invitado de gran prestigio.

Compuesta entre 1911 y 1915 y estrenada en octubre de este año, la ‘Sinfonía Alpina’, op. 64 puede ser considerada como el último gran poema sinfónico de Richard Strauss, género al que se dedicó casi por completo en los últimos años del siglo XIX; a partir de la nueva centuria el autor se consagrará fundamentalmente a la ópera

La sinfonía se divide en 22 escenas:

1. Noche

2. Salida del sol

3. El ascenso

4. Al entrar en el bosque

5. Camino junto al arroyo

6. Por la cascada

7. Aparición

8. En los prados floridos

9. En los pastos

10. Perdido en la espesura y la maleza

11. En el glaciar

12. Instantes de peligro

13. En la cima

14. Visión

15. Aparece la niebla

16. El sol se oscurece paulatinamente

17. Elegía

18. Calma antes de la tormenta

19. Temporal y tormenta, descenso

20. Puesta del sol

21. Epílogo

22. Noche

Situada entre las óperas El caballero de la rosa (1909-1910, estrenada en enero de 1911) y la versión definitiva de Ariadna auf Naxos (1916) y paralela a la composición de la ópera La mujer sin sombra(1911-1915, aunque estrenada en 1919), la Sinfonía Alpina, escrita en 1915, se plantea como un regreso de Strauss al universo instrumental de la gran orquesta sinfónica. El título, que no puede ser más explícito, nos descubre las intenciones del compositor en una obra que evoca una jornada en los Alpes bávaros, fragmentada en una sucesión de etapas durante el ascenso y descenso de una montaña, inspirada, seguramente, por las vistas que el propio Strauss disfrutaba desde su mansión de Garmisch, pequeña localidad del sur de Alemania lindante con la frontera austriaca, donde el compositor hizo construir su residencia principal tras el éxito de su ópera Salomé.

Se trata de una sinfonía extensa y de exuberante orquestación. Para interpretarla hizo falta una gran orquesta, a la que agregó el órgano, una máquina de viento, una máquina de truenos y cencerros. El director Erich Leinsdorf juzgó la sinfonía como una de las mejores creaciones de Strauss, a pesar de su extensión y la desproporcionada orquesta que exige. El compositor recurrió por primera vez de forma directa al descriptivismo naturalista o realista. Como escribe Erdhardt: «Hubiera sido fácil el producir la ilusión de la tempestad y de los cencerros en la altiplanicie por medio de estilizaciones y no mediante el empleo de verdaderas esquilas y máquinas de viento y truenos.»

La Sinfonía alpina puede considerarse como una prolongación de los poemas sinfónicos de su primera etapa, está considerada como la expresión más paradigmática del realismo musical de Strauss. La maestría técnica desplegada en la obra es incuestionable. Podía hacer con las notas musicales todo lo que se le ocurriera y no había un solo compás que no construyese de un modo calculado, pero siempre abierto a la imaginación y a la audacia. Ahora bien, la Sinfonía alpina es al mismo tiempo y desde el punto de vista artístico una llegada al fondo de las posibilidades del compositor.

Como dice su biógrafo, Panofsky, la gran Sinfonía alpina fue concibiéndola con solo correr la cortina de su maravillosa residencia de Garmisch y contemplar el paisaje del entorno. Strauss era un hombre amante de la montaña y practicante del montañismo. Siendo colegial, tuvo varias experiencias en este sentido que le dejaron profunda huella.

Llegado el momento, se enfrentó con su viejo sueño de describir una excursión por la alta montaña. Jamás se atuvo con tanta naturalidad y sin esfuerzo alguno a un «programa» que le venía impuesto por simple evocación de sus recuerdos y vivencias personales. Comienza con la temprana salida envueltos en las oscuras nieblas del próximo amanecer. Luego, la imponente salida del sol con una frase que recuerda a Chaikovski en la «Patética». Después, la travesía por el bosque, los ecos de una lejana cacería. El paso de la cascada y la llegada a las altas majadas de los pastores donde se oyen los ecos de los cencerros. El peligro del glaciar antes de la cumbre a donde se llega para percibir toda la magnificencia de la cadena montañosa iluminada por el sol. De pronto, la tormenta, la bajada apresurada bajo la tempestad, la vuelta a la paz del atardecer y el regreso al hogar con las primeras luces de la noche.

Como para conocer de qué se trata, pueden escuchar la versión de la Royal Philharmonic Orchestra dirigida por Rudolf Kempel:

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