Histórico concierto de Martha Argerich en el Centro Cultural Kirchner (Tiempo Argentino 18-7-15)

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La notable pianista argentina, figura mundial de la música, ofreció un concierto gratuito en la majestuosa sala “La Ballena Azul” del flamante centro cultural, ante un nutrido público que la escuchó en el lugar, pero también desde distintos puntos del país, gracias a la impecable  transmisión en vivo del evento a través de la Televisión Pública. Un lujo de la cultura nacional.

Por fin, luego de haber generado una gran expectativa, Martha Argerich se presentó ayer, apenas  unos minutos después de las 21 en el gran auditorio La ballena azul del Centro Cultural Kirchner compartiendo escenario con su colega, el pianista y también compositor y director Eduardo Hubert y la Orquesta Sinfónica Nacional para interpretar obras de Luis Bacalov, Astor Piazzolla y del propio Hubert.

 El auditorio con capacidad para 1.750 personas entre platea, pullman, súper pullman y bandejas laterales estaba   colmado de público deseoso de verla aparecer en el escenario luego de haber logrado conseguir la entrada gratuita, lo que seguramente no resultó fácil , dado que la demanda superó ampliamente la capacidad de la sala. Al respecto, un dato elocuente es que la página web del centro había recibido hasta el martes  1.214.280 ingresos de personas de distintos puntos del país.A las 15 de ese mismo día, las localidades estaban totalmente agotadas. Para permitirle presenciar el concierto a un mayor número de espectadores, éste pudo ser seguido  a  través de pantallas gigantes de alta definición y con sonido de alta fidelidad instaladas en el exterior, en la Sala Argentina y en LaCúpula del Centro Cultural Kirchner. Además, la TV Pública y Radio Nacional Clásica FM 96.7 lo transmitieron en vivo lo mismo que las diversas “estaciones culturales” de diferentes puntos del país.
Las manos de Argerich llaman la atención por ser notoriamente pequeñas sobre todo si se las compara con la enormidad de la pasión y la precisión con que las desliza sobre las teclas. Siempre sobria y fiel a sí misma, a lo largo de los años ha mantenido cierta informalidad dada por su voluminosa melena suelta. A los 74 años demuestra una vitalidad envidiable como lo demostró en la interpretación del Quinteto para piano y cuerdas Opus 44 de Robert  Schumann, único momento en que estuvo sola sobre el escenario.
El concierto tiene un doble signficado. Por un lado, el estrictamente musical. Por otro, el de carácter simbólico que trasciende las fronteras del indudable virtuosismo de la pianista. Considerándolo en conjunto, puede decirse que se trató más que de un todo pensado en función de los climas que generan las piezas, de una suerte de “degustación” de  sabores musicales heterogéneos. En la primera parte, excepto por el comienzo, primó el espíritu tanguero con la interpretación en piano a cargo de Bacalov de El día que me quieras y El choclo y las cuatro piezas que le siguieron Astoreando, Fauretango , Oblivion u Tres minutos con la realidad(ver recuadro).
La segunda parte, ya con la presencia de la Orquesta Sinfónica Nacional, comenzó con la suave melodía del Il Postino con Ramiro Boero  en  bandoneón y concluyó con Porteña, obra en la que Bacalov  se presenta más libres de las influencias piazzoleanas para mostrar una veta compositiva más personal, con ciertos elementos impresionistas.
Considerado desde lo extramusical, el concierto constituyó sin duda un hecho histórico destinado a perdurar en la memoria de quines asistieron a él o lo vieron y escucharon a distancia. Significaba , en primer lugar, el saldo de una deuda pendiente  con el público de Martha Argerich que debió postergar su deseo de verla. Fue también una forma de “bautizar” un espacio cultural nuevo que despertó admiración y halagos, pero también críticas. Sin duda, la presencia de Argerich contribuyó a posicionarlo como lo que realmente es, uno de los emprendimientos culturales más relevantes del país y de América Latina.  Sin duda, se trató una celebración  también por el hecho de que la Orquesta Sinfónica volvía tocar, luego de la velada inaugural, en su propia casa, ya que el Centro Cultural Kirchner es su lugar de ensayo.
Argerich es considerada una de las mayores pianistas del mundo y una intérprete privilegiada de la obra de Chopin, autor al que ha dedicado gran parte de su vida como pianista ya que lo considera un compositor “celoso, excluyente, que te hace tocar mal cualquier otra cosa que toques». Su repertorio académico está centrado sobre todo en compositores del siglo XIX por lo que además de Chopin, también interpreta Beethoven, Liszt, Tchaikovsky y Brahms. Además, aborda la música de algunos compositores de la primera mitad del siglo XX como Ravel, Prokofiev, Bartok. Pero su apertura como intérprete hace que no excluya obras anteriores como las Bach  y Mozart ni de contemporáneos como el propio Piazzolla.Esto le ha hecho decir al cellista y director ruso Mstislav Rostropovich que Argerich es “una pianista sin límites de ninguna clase”.
A las expectativas lógicas que despierta siempre la posibilidad de escucharla tocar en el país, esta vez se sumó el hecho de que el concierto que tenía programado para el mes de mayo no se concretó luego de que algunos medios revelaran públicamente con cierto tono acusatorio el cachet de los artistas involucrados en la presentación, por lo que la pianista decidió dejarla sin efecto. En ese momento, la ministra de Cultura Teresa Parodi dijo: “Esta gran artista debe padecer en su propio país un maltrato que no merece” y arbitró los medios para que reprogramarla.
El concierto del CCKirchner fue el primero de los dos que la pianista dará en el país en 2015. El segundo será el 26 de este mes cuando acompañada porel director de orquesta argentino-israelí Daniel Barenboimse presentará  en el Teatro Colón, una institución con la que había interrumpido su relación en 2005 y que retomó en 2014. La rispidez con esa sala fue tal que en 2012 la artista, de viaje por el país,no pasó por Buenos Aires.
Han pasado más de 70 años de esfuerzo y dedicación desde que la niña destinada a ser la gran pianista Martha Argerich, comenzara a revelar su talento. Comenzó a tomar sus primeras lecciones de piano con el maestro Vicente Scaramuzza y comenzó a presentarse en público desde muy pequeña. Más tarde se trasladó a Europa y continuó sus estudios en Londres, Viena y Suiza.
Según lo cuenta José Pablo Feinmann en su último libro dedicado a la figura de George Gershwin (Editorial Octubre) que tiene también otros ensayos musicales, su vocación es ya detectable a edad muy temprana: “A los 3, en el Jardín de Infantes, una maestra la escucha tocar en un piano de juguete y con un solo dedo varias melodías. La llama a la madre y le dice: ´Creo que su nena tiene condiciones para el piano.´ La madre le compra un piano de juguete. Ese piano, a la nena, le dura uno o dos días: lo destroza prolija y totalmente. El padre, lejos de enojarse, intuye la verdad: es posible que la nena tenga algo más que condiciones para el piano, puede que tenga talento. Le compra un piano en serio. Poco después, la nena, que aún no sabe leer música, ya toca el primer movimiento de un concierto de Mozart. Un niño o una niña ´prodigio´ puede ser un fenómeno de feria o un artista genial. Llevado por la ambición de su padre, Mozart fue ambas cosas. Nuestra nena, no. Siempre supo que el don que le había llegado desde alguna parte se lo tenía que ganar, tenía que merecerlo. Y también: que el don no sirve para nada si no lo acompaña el trabajo, el rigor. Tenía, en suma, que estudiar. No ignoraba -en alguna parte de su conciencia- que era una privilegiada: tenía talento para hacer lo que más le gustaba en este mundo, tocar el piano.”
Eduardo Hubert nació en Buenos Aires  y, además del pianista, es compositor y director de orquesta. Fue coordinador del Festival Argerich en Buenos Aires de 2001 a 2005 y suele presentarse en dúo de pianos con  Argerich tal como lo hizo en elCCKirchner.  Además de su formación académica, también ha realizado estudios de música electrónica y dirigió orquestas en Bulgaria, Rumania, Suiza, Brasil, Venezuela y Argentina. Publicó gran cantidad de discos entre los que se destaca la premiere mundial de Drei Klavierstucke1984 de ArnoldSchoenberg.
El músico y compositor argentino Bacalov (30 de agosto de 1933), nació en San Martín, provincia de Buenos Aires, está radicado en Italia y tiene proyección internacional. Gran parte de la repercusión de su trabajo tiene que ver con que compuso la música de diversas bandas sonoras de películas entre las que se destacan El Evangelio según San Mateo (1964) de Pier Paolo Pasolini, Django (1966) de Sergio CorbucciyIl postino (1994) de Michael Radford que ganó el Oscar a la mejor banda original de sonido. En el principio de los años 70 colaboró con varias bandas de rock progresivo italiano como Osanna y New Trolls. En la actualidad es director de la Orquesta della Magna Grecia de Taranto, Italia.

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