Ambito financiero: “War Requiem”: uno de los puntos más altos del año

War Requiem Ballena 2015
FORMIDABLE VERSIÓN DE LA CONMOVEDORA OBRA DE BRITTEN EN LA BALLENA AZUL. LÁSTIMA QUE PARA UNA ÚNICA PRESENTACIÓN
Por: Margarita Pollini
Víctor Torres, magnífico en todo momento y muy especialmente en la intervención final, en el “War Requiem” de Britten.
Benjamin Britten: “War Requiem” opus 66. Solistas: M. Ferracani (soprano), Ph. Salmon (tenor), V. Torres (barítono). Coro Nacional de Niños (dir.: M. I. Sanz). Coro Polifónico Nac. (director: D. Marchese). Orq. Sinfónica Nac. Dir.: F. Agudín (La Ballena Azul, C.C. Kirchner, 30 de octubre).

Concebido originalmente para la nueva Catedral de Coventry (erigida junto a las ruinas del edificio medieval destruido en el bombardeo de la Luftwaffe en 1940) en ocasión de su consagración en 1962, el“War Requiem” de Britten es hoy patrimonio de salas de concierto y teatros en todo el mundo. Su mensaje imperecedero, que descansa en el tratamiento musical del texto latino y de versos de Wilfred Owen,sensibilísimo poeta y soldado muerto en la Primera Guerra Mundial, ha trascendido ampliamente la ocasión para la que fue compuesto y es uno de los monumentos musicales más conmovedores de la historia.

El viernes la obra de Britten llegó a La Ballena Azul en una versión formidable, seguida en el más profundo silencio por un público heterogéneo y respetuoso. Los artífices de este esfuerzo y de la calidad de su realización (sólo cabe lamentar que tanto trabajo haya sido para una única representación) fueron el director argentino radicado en Suiza Facundo Agudín y tres de los cuerpos estables del Ministerio de Cultura de la Nación: la Orquesta Sinfónica y los coros Polifónico y de Niños, más tres solistas a la altura de la ocasión.

Con un trabajo de preparación sólido y sobre todo gran concentración, el Polifónico tuvo una de sus actuaciones más brillantes y su sonoridad fue la ideal, desde los pianos susurrados del inicio hasta los fortíssimos más atronadores. También el Coro de Niños, muy bien sostenido por el organista Sebastián Achenbach y convenientemente ubicado a la distancia y fuera de la visión del público, fue perfecto en sus intervenciones. Con excepción de algunas fallas notables en los metales (en especial en el difícil comienzo del “Dies irae”), tanto la orquesta grande como la de cámara llevaron a cabo una tarea excepcional, guiadas con claridad permanente porAgudín.

Es conocido también el hecho de que Britten concibió las partes de los tres solistas para representantes de naciones participantes en el conflicto: el tenor inglés Peter Pears, el barítono alemán Dietrich Fischer Dieskau y la soprano rusa Galina Vishnevskaya (quien no pudo participar del estreno por prohibición de las autoridades soviéticas). La idea de convocar al tenor inglés Philip Salmon fue muy acertada, no sólo por la carga simbólica que conlleva, sino porque su voz y su interpretación se adecuaron perfectamente a la parte. Es muy difícil pensar la línea de barítono, hoy y aquí, para otro cantante que Víctor Torres, magnífico en todo momento y muy especialmente en la intervención final, sobre el poema “Strange meeting”.

Se cuenta que, en enero de 1963, cuando finalmente los tres solistas originales pudieron reunirse para la grabación del “War Requiem”, Britten tuvo que soportar un desplante de la temperamental Vishnevskaya, quien interpretó erróneamente (rabieta incluida) como discriminatoria la separación espacial y musical que el compositor concibió: la soprano junto al coro y la orquesta grande, lejos del tenor y el barítono. Es difícil explicarse la ubicación física de Mónica Ferracani, a los pies del podio y entre Salmon y Torres, y puede decirse que esa elección y las fallas técnicas en las bellas proyecciones de Leandro Suárez fueron casi los únicos puntos flojos de uno de los acontecimientos musicales de este 2015.

 

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