Primer concierto de la temporada 2017

La Sinfónica abre su temporada 2017 con un estreno mundial.

El programa de apertura también incluye clásicos de Mendelssohn y Rimsky-Korsakov

Bajo la dirección del joven director argentino Pablo Boggiano, y con la actuación como solista de la soprano japonesa Ayako Tanaka, la Orquesta Sinfónica Nacional inaugura su ciclo anual de conciertos en la Sala Sinfónica del CCK. En programa figuran el estreno mundial del Ciclo de canciones para soprano y orquesta de Esteban Benzecry y clásicos de Mendelssohn y Rimsky-Korsakov.

Orquesta Sinfónica Nacional

Director invitado: Pablo Boggiano
Solista invitada: Ayako Tanaka (soprano)

Felix Mendelssohn: Obertura La gruta de Fingal
Esteban Benzecry: Ciclo de canciones para soprano y orquesta (estreno mundial)
Nikolai Rimsky-Korsakov: Scheherezade

Antes del concierto

En el marco de ciclo de charlas Antes del Concierto, Pablo Kohan, crítico, musicólogo y docente, brindará el viernes 24 a las 18h, en el Auditorio 511, datos e ideas que ayudan a comprender y apreciar las obras del programa. El detalle de la actividad puede consultarse aquí.

Acerca de Pablo Boggiano

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Nació en Buenos Aires, Argentina. Comenzó sus estudios de dirección orquestal junto a Mario Benzecry en el Conservatorio Nacional “López Buchardo” y en la Universidad Católica Argentina. Continuó su desarrollo en Europa, donde estudió junto a Scout Sandmeier en Paris, en el Conservatorio de Viena con Erwin Accel, con Jorma Panula en Helsinki y se formó en el repertorio operístico junto a Mario de Rose, en Viena. Realizó su debut como director en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires a los 18 años, dirigiendo el Requiem de Fauré con el coro y ensamble de la UCA. Participó en diversas clases magistrales, en las que tuvo la oportunidad de dirigir a la Orquesta Boréal de Paris (Jean Sebastien Berau, director) y la Orquesta Académica del Teatro Argentino de La Plata. Dirigió como invitado para el Mozarteum Argentino a la Orquesta Sinfónica Juvenil Libertador San Martín, en la que trabajó como asistente desde los 20 años. En 2003 fue invitado por Ivan Fischer para trabajar junto a la Festival Budapest Orchestra durante una gira en Buenos Aires. Abrió el Festival de Música de Sarajevo junto al violinista Xavier Inchausti y la Filarmónica de Sarajevo (Bosnia). También dirige regularmente a las filarmónicas de Satu- Mare, Târgu-Mureş, Ploiesti, Sibiu, Târgovişte, Braşov (Rumania), Orquesta Sinfónica de Pazardjik (Bulgaria), Filarmónica de Dneropetrovsk, Sinfónica de Kiev, Filarmónica de Kharkov, Sinfónica de Zaporozhye, cuerdas de la Filarmónica de Kiev (Ucrania). En junio de 2009 realizó el estreno europeo de la ópera Mateo de Martín Palmeri, junto a la Sinfónica de Bratislava (Eslovaquia). Fue director invitado en 2010 /2012 de la Stadt Opern Burgas y Russe (Bulgaria) donde presentó Rigoletto, Traviata, Don Giovanni y Carmen. En Taiwán fue director invitado de la Orquesta Sinfónica Tradicional de Taipei. Desde 2009 trabaja como director invitado junto al coro y Orquesta Wiener Tonkunstvereinigung y a solistas como Xavier Inchausti, Horacio Lavandera y Florian Zwiauer, concertino de la Wiener Symphonische Orechester. Fue Director Artístico de la Orquesta Muskiverein Pressbaum de Viena (2003-2013) y director principal de diversas agrupaciones corales en Austria. Desde 2010 es invitado a dirigir a la Orquesta Sinfónica Nacional de Argentina. Entre 2012 y 2015 tuvo a su cargo la dirección de la Compañía Operística OPERA TRANSFER en Austria, y presentó La flauta mágica en los teatros de Horn, Vösendorf, Mistelbach, Zwettl, Krems, St. Pölten Wiener Neudorf y Ernstbrunn de Niederösterreich (Austria). Debutó en 2013 junto a la Filarmónica de Budapest en enero; en marzo con la Orquesta Filarmónica de Sofía y en junio junto a la Royal Philharmonic Orchestra (London). En octubre de 2015 tuvo a cargo la dirección musical y producción del estreno mundial de Una noche en Buenos Aires en el Teatro Akzent de Viena con las óperas Mateo de Palmeri y María de Buenos Aires de Astor Piazzolla. Fue invitado por Gustavo Dudamel para trabajar en Venezuela.

Acerca de Ayako Tanaka

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Nació en Kyoto, Japón, donde comenzó su educación musical a muy temprana edad: a los tres años comenzó a estudiar piano y órgano, y a los diez ganó concursos con ambos instrumentos. En la adolescencia se mudó a Viena para estudiar con Sylvia Geszty, Edda Moser y Ernst Haefliger. Debutó con sólo 22 años en el Stadttheater de Berna, en Le Nozze di Figaro de Mozart, y luego fue contratada por la Volksoper de Viena para el rol Olympia en Les contes d’Hoffmann. Más tarde encarnó a Gilda en Rigoletto de Verdi, en la Staatsoper de Burgas. Entre 2012 y 2015, con el apoyo del gobierno de Austria, realizó una gira con La flauta mágica interpretando el papel de la Reina de la Noche. Como solista ha cantado con un gran número de orquestas en Europa, entre ellas la Royal Philharmonic de Londres, Sofia Philharmonic, y el Kammerensemble Kehl-Strassbourg. Fue invitada por Gustavo Dudamel para trabajar con la orquesta “Simón Bolívar” de Venezuela. En 2014 debutó en Carmina Burana, en el marco de la Gran Sala del Wiener Konzerthaus de Austria. En Japón continúa con su extensa carrera. En 2015 presentó el CD Virtuosa Coloratura, con la Orquesta Radio Budapest, y con este trabajo realizó una gira de conciertos por todo el país.

Ciclo de canciones para soprano y orquesta

Esteban Benzecry (hoy uno de los autores argentinos de mayor trascendencia internacional) trae esta obra que consta de textos musicalizados de Alfonsina Storni, Gabriela Mistral y otros, entre ellos un fragmento de canto quechua traducido, transmitido por tradición oral.
En la mini entrevista con la que contamos en nuestro sitio, el compositor ya nos refería que estaba realizando esta obra. Es un gran privilegio poder estrenarla con la orquesta, que siempre apoya la obra de creadores argentinos.

La gruta de Fingal

La Gruta de Fingal (en inglés: Fingal’s Cave) es una cueva marina situada en el islote de Staffa, en el archipiélago de las Hébridas interiores, en Escocia, y que forma parte de una reserva natural. Está formada por basalto hexagonal, similar en estructura a la Calzada de los Gigantes en Irlanda del Norte, con quien comparte el mismo origen de flujo de lava. Su tamaño, su techo de arcos naturales y los escalofriantes sonidos producidos por los ecos de las olas le dan el ambiente de una catedral natural. El nombre gaélico de la gruta, Uamh-Binn, significa “gruta de la melodía”.
La cueva fue descubierta en el siglo XVIII por el naturalista Sir Joseph Banks en 1772. Se la conoció como Gruta de Fingal, pues Fingal (Fionn mac Cumhail) fue el héroe epónimo de un poema escrito por el poeta e historiador escocés James Macpherson.

En 1829 cuando contaba veinte años de edad, Félix Mendelssohn llevó a cabo un largo viaje por Escocia. Las cartas que, con tal motivo, escribió muestran claramente la honda impresión que en su espíritu produjeron las bellezas del paisaje y del ambiente de aquellos lugares, tan pródigos en historia. Las sensaciones de Mendelssohn quedaron reflejadas en dos de sus obras más conocidas: La Sinfonía Escocesa y la Obertura Las Hébridas, también conocida con el nombre de La Gruta de Fingal.

En este dibujo animado, se utiliza esta música de una manera muy divertida y didáctica (están muy bien realzados los motivos musicales y su descripción programática):

Sheherezade

Es una suite orquestal de 1888, inspirada en Las mil y una noches. Consta de cuatro movimientos: El mar y el barco de Simbad, El cuento del príncipe Kalender, El joven príncipe y la joven princesa y el último movimiento en el que se suceden el Festival de Bagdad, El mar y El barco se estrella contra las rocas. Existen dos temas musicales principales: el vigoroso del sultán y el tierno solo de violín de Sheherezade. La plantilla orquestal se compone de dos flautas, flautín, dos oboes, dos clarinetes, dos fagotes, cuatro trompas, dos trompetas, tres trombones, tuba, arpa, timbales, batería y cuerdas.
El tema musical que inicia el primer movimiento representa supuestamente al dominante sultán Schahriar; este tema está construido con cuatro notas de la escala de tonos enteros descendente. Pero pronto (después de unos pocos acordes en los maderas reminiscentes del inicio de la obertura Sueño de una Noche de Verano de Felix Mendelssohn), oímos otro de los temas que aparece en cada movimiento; éste representaría a la narradora de la historia misma, Scheherazade, la esposa del sultán, que logra el éxito al conmoverlo con sus historias. Es una melodía arrebatadora y sensual en un solo de violín, acompañada por el arpa. Ambos temas, en cierto modo tratados como leitmotivs.
Scheherezade, la partitura más popular e importante del músico ruso es una alfombra mágica que nos transporta al mundo de Las mil y una noches y sus viejas historias orientales de tradición oral (Alí Babá, las aventuras de Simbad, y similares), en parte difundidas por Europa gracias a las populares traducciones de Sir Richard Burton. Es una preciosa pieza, una fiesta para los propios músicos de la orquesta que gozan de numerosas oportunidades de intervención. Su vitalidad, el poder de atracción de sus melodías y su formidable orquestación son impresionantes. Fue estrenada en San Petersburgo en 1889 y aunque su autor no quería ceñirse a un programa muy definido, hay títulos que evidencian episodios de mares, príncipes, fiestas y hasta el naufragio del barco que se estrella sobre las rocas. Existen unas notas unidas a la partitura en las que se pueden leer detalles sobre el contenido general. El compositor explicaba que el sultán Schahriar, convencido de la falsedad de las mujeres, se propuso acabar con cada una de sus esposas tras pasar con ellas la noche de bodas. Fue la bella Scheherezade quien salvó su vida amenizando las veladas del tirano durante mil y una noches con interesantes cuentos que excitaban la curiosidad del esposo. Si la sultana imbrica la narración de forma que no decaiga el interés del marido, Rimsky-Korsakov logra un objetivo igual, haciendo que todo proceda de un motivo generador de diferentes temas.
El músico añadió a los movimientos las indicaciones de Preludio, Balada, Adagio y Finale pero, dado el carácter programático de la obra, no procedía calificarla de “sinfonía”. Dos asuntos conforman los cuatro movimientos de la exótica suite: uno robusto, el del sultán, que contrasta con la ternura del violín: la favorita que hila las maravillosas historias que cautivan al esposo.
En El mar y el barco de Simbad, la música comienza con la amenazante figura del sanguinario sultán en los trombones, tuba, maderas graves y cuerdas, tras la que, brillando entre ricos acordes del arpa, escuchamos la voz de Scheherezade en el violín solo, que comienza temblorosa la primera de las historias. El inmenso mar se manifiesta en grandes olas de parte de toda la orquesta. Navegamos en el barco de Simbad (flauta, oboe y clarinete) y vemos las velas hinchadas, el sol en las aguas, la calma del mediodía, una tormenta que aminora, y seguimos a la joven hilando la historia… El sultán se duerme y la esposa pospone su destino por un día.
El cuento del Príncipe Kalender se refiere a un príncipe que ahora es un monje mendicante que ha profesado votos de pobreza, castidad y humildad. Escuchamos su historia de parte del fagot. Es tímido, serio, aunque algo burlón. Las feroces fanfarrias del trombón y la trompeta nos arrastran a una escena de esplendor bárbaro y salvaje. Rimsky lanza luminosas masas de color como joyas brillantes procedentes de un cofre y el torbellino y la pompa de un solemne desfile nos sitúa en un ambiente opulento. Es la primera vida del príncipe cuando se rodeaba de gloria y poder. Hay cierta nostalgia hasta que el movimiento termina con un rimbombante crescendo.
La tercera parte, El joven príncipe y la princesa, es la sección más lírica. Una cautivadora canción de amor de los violines representa al joven, mientras que el clarinete habla por voz de la dama. Más tarde, el ritmo de la pequeña percusión añade un efecto picante a esta amorosa escena.
Termina la obra con la Fiesta en Bagdad. El barco de Simbad se estrella contra las olas. El Sultan entra en la alcoba y Sheherezade comienza la descripción de una fiesta oriental llena de vida y color en la que la orquesta ha de mostrar su capacidad virtuosa. Bailarines, trajes lujosos, perfumes… oriente en música. Retornan los temas de los movimientos anteriores, todos llenos de energía que mantiene el ritmo de la fiesta. Recordamos a todos los personajes de los relatos y finalmente, la orquesta nos transporta a la cubierta del barco de Simbad, ahora en medio de un terrible temporal de olas gigantescas que lo precipitan contra las rocas coronadas por la estatua de un guerrero. Finalmente se escucha la voz de Sheherezade que nos llama desde el fantástico mundo que ha creado y el Sultán habla de nuevo, pero suave y gentilmente, pues ha renunciado a su terrible propósito. El violín solo asciende a lo más agudo para terminar la suite en sereno y luminoso triunfo
Scheherazade es una nueva forma de composición, hasta cierto punto a medio camino entre la Sinfonía fantástica de Hector Berlioz (1830) y el poema sinfónico de Franz Liszt de 1854. Probablemente, debido a la trama en la que está basada, está más próxima al poema sinfónico, en el sentido de que es menos preciso que el de la Sinfonía fantástica. El compositor siempre se pronunció para evitar que se hiciera una lectura habitual programática, negando por ejemplo que los personajes evolucionen claramente y actúen, todo lo contrario de lo que escribió Antonio Vivaldi con los poemas adjuntos a Las cuatro estaciones, o de lo que hará Prokofiev en Pedro y el lobo, con los instrumentos que representan personajes con sus temas propios recurrentes. Rimski-Korsakov escribió así violentamente en Crónicas de mi vida musical:
Es en vano el buscar leitmotivs siempre vinculado a tales imágenes. Por el contrario, en la mayoría de los casos, todos estos aparentes leitmotifs no son más que materiales puramente musicales para el desarrollo sinfónico. Estos motivos pasan y se extienden por toda la obra, uniéndose sucesivamente y entrelazándose. Aparecen cada vez bajo diferente luz, mostrando cada vez distintas características y expresando nuevas situaciones, y corresponden cada vez a imágenes y cuadros diferentes.
En 1910, con la música de Scheherazade, Michel Fokine creó y coreografió un ballet para la temporada de los Ballets Rusos en París, con la escenografía y vestuarios de Léon Bakst. Destacaron en los papeles principales Ida Rubinstein y Vátslav Nizhinski. El ballet impactó por su cargada sensualidad y orientalismo.
Gracias a su popularidad, fragmentos de Scheherazada ha formado parte de la banda sonora de varias películas, entre ellas:
Lost in a Harem (1935) de Charles Reisner.
La naranja mecánica (1971) de Stanley Kubrick.
Simbad e il califfo di Bagdad (1973) de Pietro Francisci.
Nizhinski (1980) de Herbert Ross.
The Man with One Red Shoe (El hombre con el zapato rojo, 1985) de Stan Dragoti (en esta película, el protagonista, Richard Harlan Drew (Tom Hanks) es un violinista confundido por un espía, cuando toca en un concierto el solo inicial de Scheherazade sufre un lapsus, y entonces comienza a tocar una pieza suya).
Shadow Dancing (1988) de Lewis Furey.
In una notte di chiaro di luna (1989) de Lina Wertmüller.
Lonely in America (1991) de Barry Alexander Brown.
One True Thing (1998) de Carl Franklin.
The Price of Milk (2000) de Harry Sinclair.

 

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