Tomás Alegre en el Colón: Un debut sin vacilaciones y con notable sutileza (Clarín 15/05/17)

El joven pianista argentino deslumbró en el Colón con el Concierto N° 1 de Chaikovski.

Federico Monjeau

Tomas Alegre en acción. El pianista combina su arrojo dionisíaco con un control de la situación no menos admirable. (Foto: Guillermo Rodriguez Adami)

A los doce años (también hace de esto doce años) Tomás Alegre debutaba como solista en el Concierto para piano K. 415, de Mozart en el Gran Rex. A los veinticuatro, acaba de hacerlo en el Teatro Colón con el Concierto N° 1 de Chaikovski, junto a la Sinfónica Nacional dirigida por Darío Domínguez Xodo.

Quien lo haya escuchado en aquel debut mozartiano no debería sorprenderse del todo ante esta actuación del viernes en el Colón. En ese primer concierto Alegre ya ponía de manifiesto un raro dominio musical: ese niño angelical parecía conversar naturalmente con la orquesta y dejaba oír un Mozart cantado maravillosamente del principio al fin. A ese sentido musical inquebrantable Tomás Alegre suma ahora, además de madurez técnica y mayor caudal y riqueza de sonido, un arrojo dionisíaco y un control de la situación no menos admirable. Se lanza sobre el teclado sin la mayor vacilación, pero a la vez parecería que tuviese todo el tiempo del mundo para dibujar las frases con toda sutileza en un perfecto diálogo con la orquesta; y en los pasajes solistas impresiona especialmente la preparación de los cierres, como si el solista les dijese a los músicos: “Su turno”.

Un buen solista es también a su modo un director, y la Sinfónica no fue insensible a eso. La ejecución fue formidable, y Alegre retribuyó las ovaciones con generosidad: el Nocturno en re bemol mayor de Chopin y un Estudio de Rachmaninov.

El programa había comenzado con la Elegía del compositor y pianista argentino Manolo Juárez, una pieza maestra que afortunadamente nunca desapareció del repertorio de las orquestas locales. La obra tiene un tono introspectivo; sus picos de tensión son muy graduados, lejos de todo dramatismo. La obra privilegia la continuidad y la variación por encima del contraste. Impresiona la belleza de sus materiales armónico- melódicos, en los que por momentos parece oírse un eco de Alban Berg.

En la segunda mitad se ejecutó la Sexta Sinfonía de Chaikovski. Como suele ocurrir en los más variados auditorios, parte del público tomó el tercero de los cuatro movimientos de la obra como si se tratase del finale (debido al original planteo de un autor que, tal vez un poco cansado de sus machacados finales de sus sinfonías 4 y 5, reservó el adagio para el cuarto movimiento) y las ovaciones irrumpieron a destiempo. De todos modos, el director Rodríguez Xodo atacó directo el cuarto movimiento; prefirió sacrificar la audición de los primeros acordes que la continuidad del impulso, con toda razón por otro lado. Fue una ejecución sumamente vital, enérgica, no libre de imperfecciones (en el último acorde del segundo movimiento dolieron un poco los oídos), pero de una expresividad sostenida y convincente.

FICHA

Orquesta Sinfónica Nacional

Director: Darío Domínguez Xodo Solista: Tomás Alegre (piano) Sala Teatro Colón, viernes 12. Calificación: Muy bueno.

Entrevista a Tomás Alegre en Clarín 

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