Sinfonía Turangalila (Olvier Messiaen): un himno a la alegría que nace del drama del amor

Olivier Messiaen

Concierto Viernes 2 de junio, 20hs – Sala Sinfónica

Con Francisco Rettig en la dirección y Thomas Bloch en ondas Martenot

Concebida para un orgánico (masa orquestal) monumental, la obra de Olivier Messiaen es considerada una obra fundamental en el repertorio del siglo XX. En estos dos conciertos se escuchará en versión de la Orquesta Sinfónica Nacional,  bajo la dirección de Francisco Rettig. Como solistas, el joven pianista argentino Marcelo Balat y el francés Thomas Bloch, que interpreta las ondas Martenot.

Las entradas para el concierto son gratuitas y se pueden retirar a partir del martes 30 de mayo, de 12 a 19, en Sarmiento 151, hasta agotar la capacidad de la sala. También se pueden reservar en esta página.

Olivier Massiaen

Compositor francés (1908-1992), es autor de una obra extensa, novedosa y genial, tanto que fue capaz de convidar al canto de los pájaros a unirse a la música humana, traduciendo los sonidos de las aves a la sistematización de las notas.
Para Messiaen los sonidos son concebidos como colores. Este hecho, junto con su Fe Católica (un aspecto clave en la personalidad del compositor) produce lo que describe como un “arco iris teológico”.
El gran Pierre Boulez, antiguo alumno de Olivier Messiaen, dijo en una ocasión que Messiaen no compone. Yuxtapone. En otras palabras, no existe un crecimiento orgánico real en su música sino una yuxtaposición de elementos como en un mosaico. El efecto es sobrecogedor y la música se revela como un hecho trascendente, extático, muy cercana en su sentido final a la Filosofía oriental, más centrada en el Ser, en contraposición al Devenir de la Filosofía occidental. Para ejemplificar un poco lo que hace Messiaen, podemos escuchar el siguiente ejemplo musical:

Este es un minuet muy conocido de Johann Sebastian Bach, del período musical conocido como barroco:

Este es un minuet de Joseph Haydn, del período clásico.

Lo que hace Olvier Messiaen se asemeja a este crudo ejemplo, realizado sólo a los efectos de entender el manejo del material melódico y armónico de este compositor. Obviamente, no era tan sencillo, pero nos sirve como un buen ejemplo. He aquí la versión “Messiaen” de la cruza de estos dos temas disímiles en estilo y armonía:

Turangalîla es una conjunción de dos palabras del sánscrito, que quiere decir más o menos, “Los pasatiempos de la mente”. Leela, el personaje de la exitosa serie de dibujos animados “Futurama” se llama así precisamente por la Sinfonía Turangalîla de Messiaen. Parece ser que la simpática muchacha de un solo ojo de la serie en realidad tiene un nombre compuesto: Turanga Leela. Pero todo el mundo le llama Leela, que es más corto (y más comercial).
Messiaen compuso su Sinfonía entre 1946 y 1948. Por entonces, Messiaen trabajaba con los ritmos y melodías extraídos de uno de los más importantes textos musicológicos de la India, el Sangita Ratnakara, escrito por Sarangadeva a finales del siglo XIII.

Para Messiaen, compositor creyente, heredero del impresionismo y estudioso de la música oriental, el reino terrenal está presidido por Dios, ángeles y santos que nunca son entidades abstractas, sino presencias físicas. Para Messiaen el amor es profundo, místico, ineludible, irreprimible, y también fatal, que trasciende a la muerte. Mira que el amor es fuerte: vida, no me seas molesta, escribiría Santa Teresa. Serán ceniza, mas tendrá sentido; polvo serán, mas polvo enamorado, escribiría Quevedo.

La Sinfonía Turangalila es una obra hipnótica, granítica, delicada y contundente que para muchos es la obra más importante que se ha escrito en Francia en el siglo XX. Su estreno tuvo lugar en el Symphony Hall de Boston el 2 de diciembre de 1949 y Koussevitzky tenía programado dirigir el estreno de la obra, pero cayó enfermo, y tuvo que ceder la batuta a un joven director llamado Leonard Bernstein, con Yvonne Loriod, futura esposa de Messiaen, como solista al piano y Ginette Martenot en las curiosas “ondas Martenot”, el instrumento electrónico con teclado, amplificador y válvulas diseñado en 1928 por su hermano Maurice, antecesor de los sintetizadores modernos.

Maurice Martenot ejecutando su instrumento.

EL curioso sisttema del teclado conocido como “ondas Martenot”.

Aquí podemos ver y escuchar al instrumento en acción:

La sinfonía “Turangalila”

Es una obra para gran orquesta, con diez movimientos, inspirada en la leyenda de Tristán, aunque su punto de vista sobre la realización del amor resultó bastante alejado del que impregna la ópera de Wagner. En realidad, es un personal «himno a la alegría» en el que Messiaen invoca la leyenda de Tristán e Isolda, y su filtro mágico de amor, una fábula que inspiró a muchos compositores, entre otros Richard Wagner. Y al igual que en el Tristán e Isolda del compositor alemán en la Sinfonía Turangalila encontramos el drama, la sombra, la tragedia, aunque Messiaen no renuncia a presentarlos bajo el manto de la esperanza.

De los diez movimientos, tres incluyen el vocablo “Turangalîla”: el III, el VII y el IX. Además hay dos cantos de amor, que corresponden al II y al IV. Los tres restantes son “Alegría de la sangre de las estrellas”, “Jardín del sueño de amor” y “Desarrollo del amor”, precedido todo por una introducción y con un finale a modo de postludio. La estructura de la sinfonía queda, pues, como sigue:

I – Introduction
II – Chant d´amour I (Canto de amor I)
III – Turangalîla I
IV – Chant d´amour II
V – Joie du sang des étoiles (jardín de sangre de las estrellas)
VI – Jardin du sommeil d´amour (Jardín de sueño de amor)
VII – Turangalîla II
VIII – Développement de l´amour (Desarrollo del amor)
IX – Turangalîla III
X – Final

Los diez movimientos de la sinfonía están enlazados por una serie de temas e ideas musicales que reaparecen una y otra vez:

1- Introducción. Modéré, un peu vif: a modo de prólogo, se da entrada al «tema de la estatua» y al «tema de la flor», al que sigue el cuerpo central del movimiento, en el que se superponen dos grupos en ostinato con punteados rítmicos. Un reprise del «tema de la estatua» cierra la introducción.

2- Chant d’amour (Canción de amor) 1. Modéré, lourd: Tras una introducción atonal, el movimiento se construye mediante la alternancia de un tema rápido y apasionado dominado por las trompetas y un tema suave y gentil llevado por la cuerda y las ondas Martenot.

3- Turangalîla 1. Presque lent, rêveur: Se presentan tres temas: el primero mediante un solo de clarinete, el segundo suena en los metales graves y la cuerda y el tercero lo toca el viento-madera. El movimiento se desarrolla luego, se sobreimpone a los tres temas, con la adición de un nuevo ritmo en la percusión.

4- Chant d’amour 2. Bien modéré: introducido mediante un «scherzo» para el flautín y el fagot, este movimiento contiene nueve secciones, varias retoman material musical ya escuchado anteriormente. Una tranquila coda en la mayor le pone fin.

5- Joie du Sang des Étoiles (Alegría de la sangre de las estrellas). Vif, passionné avec joie: una frenética danza cuyo tema principal es una variación rápida del «tema de la estatua». Para Messiaen, esta danza representa la unión de dos amantes, vista como una transformación a escala cósmica. La danza es interrumpida por una demoledora cadenza del pianista, previa a una breve coda orquestal.

6- Jardin du Sommeil d’amour (Jardín del sueño del amor). Très modéré, très tendre: la primera aparición del «tema del amor» en la cuerda y las ondas Martenot se acompaña por una canción de pájaros idealizada ejecutada por el piano y la orquesta, mediante efectos coloristas. Según Messiaen, «los dos amantes son abrazados por el sueño del amor. Un paisaje sale de ellos…»

7- Turangalîla 2. Un peu vif, bien modéré: un movimiento completamente atonal que pretende invocar terror, con un papel predominante para la percusión.

8- Développement d’amour (Desarrollo del amor). Bien modéré: para Messiaen, el título puede considerarse de dos formas. Para los amantes es terrible: unidos por el elixir de amor, están atrapados en una pasión que crece hasta el infinito. Musicalmente, esta es la sección de desarrollo de la obra.

9 -Turangalîla 3. Bien modéré: Un nuevo tema es aportado por el viento madera. Un conjunto de percusión de cinco elementos, introduce unas series rítmicas que da soporte a una sucesión de variaciones del nuevo tema.

10- Final. Modéré, presque vif, avec une grande joie: El movimiento sigue la forma sonata: Una fanfarria de los metales, en paralelo a una rápida variación del «tema del amor» se desarrolla hasta llegar a una larga coda, una versión final del «tema del amor» ejecutada en fortissimo por la orquesta al completo. La obra termina con un enorme acorde de fa mayor. En palabras de Messiaen, «gloria y alegría sin fin».

La instrumentación es bastante singular: flautín, 2 flautas, 2 oboes, corno inglés, 2 clarinetes, clarinete bajo, 3 fagotes, 4 trompas, 3 trompetas, 1 trompeta en re, corneta, 3 trombones, 1 tuba, piano solo, celesta y entre 8 y 11 percusionistas que han de ocuparse de vibráfono, glockenspiel con teclado y glockenspiel enmallado, triángulo, temple blocks y caja china, platillos (crash y tres tipos de platillos suspendidos), gong, pandereta, maracas, caja, tamboril provenzal, bombo, campanas tubulares- La sección de instrumentos de cuerda debe constar de 32 violines, 14 violas, 12 violoncelos y 10 contrabajos. Además de todo ello, se requiere un generador de ondas Martenot y un piano solista, cuya parte incluye varias cadenzas muy exigentes en lo técnico.

La obra fue un encargo de Serguéi Koussevitzsky, director de orquesta ruso que en aquel momento era el titular de la Orquesta Sinfónica de Boston. Koussevitzsky también había pedido algún tiempo atrás a Béla Bartók que compusiera una obra para su estreno, lo que dio origen del Concierto para Orquesta del húngaro.

La respuesta inicial de Messiaen al encargo de Koussevitzky fue la composición de una sinfonía convencional, en cuatro movimientos (que corresponden, según su posición en la obra actual, a I, IV, VI y X). Después añadió los tres movimientos Turangalîla, que inicialmente denominó Tâlas, en referencia al uso del ritmo en la música clásica india (movimientos III, VII y IX, según el orden definitivo), con los que hizo un estreno previo por separado. Posteriormente añadió todavía dos más: Chant d’amour y Développement de l’amour (movimientos II y VIII). Pero no quedó satisfecho hasta que añadió el quinto movimiento, Joie du sang des étoiles (posiblemente el más célebre de esta obra) que aporta un elemento de contraste a la ensoñación sostenida en el movimiento lento, Jardin du sommeil d’amour.

La Sinfonía Turangalîla fue estrenada por Leonard Bernstein en 1949, quien entonces tenía 31 años  y era asistente de Koussevitzsky, finalmente  indispuesto por enfermedad.

Un comentario

  • oscar carlos bentivoglio

    debo confesar que nunca escuche esta obra en discos jamas la vi como para comprarla y escucharla sera esta vesla oportunidad de eschcharla en vivo.Ultimamente me dedique a descubrir a Nielsen practicamente ignorado en nuestras salas de concierto.Hace muchos años en uno de los conciertos de la Facultad de Derecho el director Eric Tucsen dirigio la sinfonia inextinguible creo que es la numero 6 es una gran pena que nuestro publico se lo pierda

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